El último bocado

Llegué de casualidad a esa cafetería, nunca la había visto le echo la culpa a los flejes apilados del local de a lado que no me dejaban ver, pero era pequeño, tenía un vitral muy bonito y se veía viejito no sé si en realidad lo era o se había dejado llevar por la moda hipster.

Cuando entré sentí que estaba en un cuento de esos que ilustran con acuarela, todo era muy bonito, los manteles de cuadritos blancas y rojas, las mesas y sillas hechas de madera, los estantes tenían algunas especias y en las paredes también había fotos en blanco y negro.

Olía a fresas no sé si era una fragancia artificial o si en realidad era la fruta, tendría mucho sentido si ahí vendían pays de fresa, convencido por el buen ambiente me formé para pedir una rebanada de pay.

La que atendía era una chica muy linda de cabello negro rizado, era muy eficiente y no esperé más de dos minutos en la fila, tomó mi orden y de inmediato me lo dio. Yo me senté a comer en una que estaba más al fondo no me gusta ponerme cerca de la puerta siento que entra demasiada gente, me desconcentra.

Había pedido un té para acompañar que fue servido en una hermosa taza de porcelana, hasta me dio miedo tocarla de lo frágil que se veía terminé llamándome ridículo y la tomé con mucho cuidado.

En verdad la estaba pasando bien, procuré disfrutar cada pedazo del postre ¡Estaba delicioso! Caliente y todo se olía muy casero, me recordaba a las delicias que hacía mi padre.

En un estado así de relajante mi cerebro parece que tiene un mecanismo que lo detona para ponerse a pensar en los peores escenarios posibles desde que la fruta esté mala y me enferme o que en ese momento comenzara a temblar y el tan lejos de la entrada o también de que si unos super héroes se les ocurría pelear ahí siempre terminan rompiendo uno de esos lugares.

Decidí respirar y tratar de confrontar mis miedos, eran posibilidades disparatadas que no iban a suceder , entonces me saltaba de sentimiento a que en cualquier momento podía pasar cualquier cosa que… bueno, es verdad así que no tenía sentido hacer nada porque terminaremos muertos.

Casi me atraganto con el bocado que tenía en la boca, por fortuna logré tragar a tiempo aunque tuve que toser para poder regular mi respiración. Ya casi me acababa mi pay pero no quería, me sentía tan comprometido con la causa que hasta sentí que tenía que pedir un deseo.

Cerré los ojos un momento y pedí que pudiera venir acá en otra ocasión con una persona que yo quisiera no tenía que ser mi pareja, podría ser un familiar, un nuevo amigo, no sé alguien.

Con cuidado tomé la cuchara y seguí comiendo sabiendo que el fin estaba cerca, el olor del té me tranquilizaba. Respiré profundo. Abrí la boca y me comí el último bocado. El sueño había terminado.

FUENTES: YouTube, APLEMSA, Chef Ana Paula 

 

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *